18.12.14

SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VII)

La aparición de la tecno-fobia.

Como réplica directa a la aparición de mecanicistas proféticos como Wells, aparecen una serie de visiones tecnófobas de corte medievalista. “Napoleon of Notting Hill” (1904) de G. K. Chesterton, que reivindica para un futuro datado en 1984 una vuelta a los antiguos derechos, hábitos y ceremonias en los barrios de Londres, de los que habían sido despojados por el incipiente progreso, o más tarde “The Machine Stops” (1947) de E. M. Forster, que dibuja una de las visiones más paradigmáticas de ciudad del futuro, poblada  por humanos hacinados en pequeñas habitaciones y miles de botones con los que poder obtener comida, música e incluso comunicarse a distancia, en un mundo deshumanizado donde el hombre queda a voluntad de la máquina:

“Creamos la máquina para hacer nuestra voluntad, pero ahora no podemos hacer que haga la nuestra. Nos ha privado del sentido del espacio y del tacto, ha embotado todas las relaciones humanas y ha rebajado el amor a un acto carnal, ha paralizado nuestros cuerpos y nuestras voluntades, y ahora nos obliga a adorarla.”[1] (Forster, 1947, pp.140-141)

A la par de estas visiones, arquitectos como C. R. Ashbbe o F.LL. Wright[2] se encuentran diseñando ciudades extensivas como vuelta morrisiana al pasado, ya sean “Broadacre City” o “Taliesin”[3]. Nuevas fábulas sobre la pérdida de la libertad en un mundo futuro totalmente controlado por el "Gran Hermano" como en “Brave New World” (1932) de Aldous Huxley e incluso la creación de "Consejos Antropológicos” que promulgan su “debemos desandar nuestro camino o perecer” en “Seven Days in New Crete” (1949) de Robert Graves, vaticinan un futuro vislumbrado como retorno a un estado anterior de progreso humano.









[1] FORSTER, E. M. The Machine Stops. En: Collected Short Stories. Penguin Books. Londres, 2002. pp. 140-141.

[2] WRIGHT, Frank Lloyd. El Futuro de la Arquitectura. Editorial Poseidón. Barcelona, 1978. Ed. original: The Future of Architecture. Horizon Press. Nueva York, 1953.

[3] Taliesin es el nombre de un druida de la corte del rey Arturo que cantaba las glorias de las Bellas Artes.