30.8.15
1971 Colonna Sonora / Pirarubio [Studio65] BIZARRE COLUMNS#43
"Colonna sonora is a redesigned doric colum, divided into two hinged parts presented as a container of "glory" i.e. of "nothing".
To the "unfortunate" who tries to open it because curious, it answers with Maria Callas's voice singing the aria Libiamo... Libiamo... Libiam... from the Traviata opera.
This container is proposed by the designers as standard equipment for various occupation armies, to decorate the private apartments of multidecorated Vietman (or Afghanistan) generals.
Piraburo is intended as a redesign in a sprint version of a doric colum on wheels, container of anything, a bit metaproject-metasuper-metanormal."
CHIGGIO, Ennio. Studio 65. Electa. Milán, 1986. pp.84-85.
6.1.15
PREDICCIONES ARQUITECTÓNICAS (II)
Entre
los años 1955 y 1956, ya fuera del contexto de estas Exposiciones Universales aunque
con un mismo carácter expositivo, tres prototipos de vivienda se disputan la
denominación de “Casa del Futuro”, no
sólo desde los medios masivos que suponen las revistas populares
norteamericanas de la época en las que se fraguan gran parte de los estereotipos
denominados “de futuro” como “Popular Science”, “Popular Mechanics” o “Mechanix
Illustrated”[1], o los periódicos nacionales de
carácter sensacionalista, sino también desde el ámbito de difusión
arquitectónica[2]. Estos tres prototipos de viviendas
del futuro fueron la “House of the
Future” (1956) de los británicos Alison y Peter Smithson para la “London Mail Ideal Home Exhibition” (1956),
“Monsanto House” (1955-1957) de los
norteamericanos Richard W. Hamilton y Marvin E. Goody para el parque temático “Tomorrowland” de Walt Disney, y “La Maison Plastique ”
(1956) de Ionel Schein, arquitecto de origen rumano afincado en Francia, para
la muestra “Arts Ménagers” (1956) de
París.
A
pesar de presentar tipos arquitectónicos muy diversos, una reinterpretación de
la casa-patio en el caso de la vivienda de los Smithson, un esquema orgánico-evolutivo
en la de Schein y una propuesta de núcleo central derivada de la Wichita House de
Fuller para la Monsanto
House , los tres prototipos responden a un mismo carácter de “vivienda de exposición” y a dos
paradigmas comerciales encubiertos a través de esa etiqueta “Futuro”. Por un lado, un material en
creciente desarrollo en ese momento como es el plástico, y un sistema de
industrialización para la construcción en masa ante la creciente demanda de
viviendas en sus países de origen, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia
después de la II Guerra
Mundial, que no casualmente son también los productores de mayor número de
proyectos de futuro hasta finales de los años 50. La etiqueta “Casa del Futuro” o “Ciudad del Futuro” abandona con estos tres prototipos de vivienda
el ámbito exclusivamente popular de Exposiciones Universales y medios masivos,
para alcanzar también el ámbito exclusivamente intelectual de las revistas
especializadas y del pensamiento arquitectónico.
A
partir de este momento, el apelativo “Futuro”
no aparece solamente vinculado a objetos arquitectónicos de exposición y en
general asociados a empresas patrocinadoras sino que empieza a ser utilizado en
numerosas ocasiones como etiqueta identificativa de proyectos diversos con el
fin de cualificar de esta manera sistemas constructivos, mobiliario doméstico[3], materiales, posturas urbanas, nuevos
instrumentos de experimentación arquitectónica e incluso textos y libros de
arquitectura, que aparecen enunciados como predicciones de posibles futuros.
Uno de los primeros libros que empiezan a plantearse el
futuro, ya no de las ciudades, sino de la propia arquitectura, es “The Future of Architecture” (1953) de
Frank Lloyd Wright, que ya no busca una vivienda o ciudad del futuro concretas aunque
publicite proyectos de comunidades futuras como “Broadacre City”, sino de una nueva manera “orgánica” de hacer arquitectura, cercana a la naturaleza y dónde
forma y función son una misma cosa. De carácter panfletario, el texto de
Wright, no intenta mostrar un panorama
abierto de posibles futuros, posicionamiento que determinaremos más tarde como
predicciones, sino que plantea incluso un futura debacle mundial si la
arquitectura que él denomina como orgánica no prevaleciera sobre la Tierra , en este caso, el
mundo presentado de una manera narcisista como los Estados Unidos de América:
“Si la arquitectura orgánica
(intrínseca) no se salva, los habitantes de los Estados Unidos no viviremos
nunca como una verdadera cultura”[4] (F.LL. Wright, 1953, p.276)
[1] Monsanto House:
BEHRENDT,
Ernst. Plastic house of the future may
come in mass produced, no up-keep parts that you arrange to suit the whole
family. En: Popular Science, Apr
1956. pp. 144-147.
La Maison plastique:
HAYES, Leon y Lester. The latest from Paris, an
all-plastic house. En:
Popular Mechanics, Aug 1956. pp.
88-90.
The
House of the Future:
This is a house?. En: Mechanix
Illustrated, sep 1956. pp.61-63.
[2]
Monsanto House:
Plastic 'House of Tomorrow' built by Monsanto
Chemical Company at Anaheim, California. En: Architect & Building News, 1957 Oct. 9. pp. 478-485.
Maison prefabriquee en matiere
plastique. En: AA L'Architecture d'Aujourd'hui, nº 58, février 1955.
p. XXIII.
The House
of the Future:
House of the Future at the Ideal Homes
Exhibition. En: AD The Architectural Design, Vol. 26,
march 1956. pp. 101-102.
[3]
Por ejemplo la cocina del
futuro de la General
Motors y Frigidaire, 1956 Motorama Kitchen of Tomorrow. Ver:
SCOTT HOLLIDAY, Laura. Kitchen Technologies. En: Promises and Alibis, 1944-1966 Camera Obscura (2001) 16(2 47). pp. 79-131.
[4]
WRIGHT, Frank Lloyd. El Futuro de la Arquitectura. Editorial Poseidón. Barcelona, 1978. p.276.
5.1.15
PREDICCIONES ARQUITECTÓNICAS (I)
La aparición de la etiqueta
“Futuro” en la difusión arquitectónica.
A
partir de 1851, coincidiendo con la “Great Exhibition of the Works of Industry
of all Nations” de Londres[1], las exposiciones nacionales se internacionalizan,
adquiriendo un carácter global y convirtiéndose de esta manera en exhibiciones
del poder industrial, comercial y creativo de los países participantes, en
instrumento de proyección política y de imagen del país organizador así como en
facilitadoras de iconos urbanos, como la "Torre
Eiffel" o de extraordinarios hallazgos como el del “Crystal Palace” (1851) de Paxton. Es interesante comprobar la hibridación que se
genera en estas exposiciones entre la incorporación de nuevos productos como la
luz eléctrica, la industrialización o los nuevos sistemas de comunicación y los
elementos históricos de las culturas locales que presuponen la dicotomía
contemporánea entre local y global, y de la que por supuesto estas exposiciones
no son un gran ejemplo al “revisitar”
las tradiciones locales la mayor parte de las veces a través del pastiche y el
cartón piedra. Esta dicotomía vendrá siempre asociada a la idea de progreso, construyendo
así paisajes divergentes que van desde el suntuoso “Palais du Electricite” de Edmond Coignet en la Exposición Universal
de París (1900) como gran pastel de bodas conmemorativo de esa nueva “Electricidad” hasta las réplica “Cliff Dwellings” de la Exposición de St.Louis
(1904), reconstrucción de las viviendas excavadas por los indios
norteamericanos en los cañones del Mid-West, exterminados y convertidos en
icono al mismo tiempo. Esta idea de progreso germinal, llega a su culmen en
1933 con la Exposición
de Chicago “A Century of Progress
Exposition”, y con ella, una serie de experimentos en torno a lo que
debería ser la “Arquitectura del Futuro”,
derivados de la tensiones sociales de la época generadas por el ascenso de
regímenes totalitarios en países de la vieja Europa.
“En la década de 1930, Estados Unidos había
abandonado el clasicismo, ahora asociado
con el fascismo en lugar de la democracia, en favor de una racionalización y modernidad para una nueva cultura de
masas, que implicaba un progreso en el mundo libre. La arquitectura futurista
fue el sello distintivo la ‘A Century of Progress, International Exposition’
celebrada en Chicago en 1933” [2] (Jackson, 2008, p.59)
En
esa Exposición de 1933, aparece la “House
of Tomorrow” de George Fred Keck, visitada por más de 750,000 personas
durante la feria y popularizada en medios de comunicación como la “America’s First Glass House” al
considerarla como la primera “Casa del
Futuro” con relevancia internacional, a pesar de haber sido denominada como
“Casa del Mañana” y todavía no
explícitamente “del Futuro”. Keck
propone de esta manera una cubierta plana, diseño modular, industrialización,
sistemas pasivos de climatización y mucha iluminación. Una industrialización y
luminosidad auspiciadas por las industrias del aluminio y el vidrio, como alternativas de un futuro de la vivienda muy rentables. De
esta manera, las etiquetas “progreso”
y “mañana” anticipan la palabra “Futuro”, que se convierte en gran
protagonista de la “New York World’s Fair”
de 1939 en Nueva York, cuyo tema principal es “Building the World of Tomorrow” ("Construyendo el Mundo del
Mañana"), y en la que varias propuestas se disputan el sobrenombre
esta vez de “Ciudad del Futuro”, “Democracity” de Henry Dreyfuss y “Futurama”
de Norman Bel Geddes y Albert Kahn, para la General Motors. Ambas fueron la segunda
y primera exposición más visitadas de la feria, las cuales presentaban un
futuro urbano dominado por el automóvil en las que, además de la General Motors ,
otras marcas de automóviles o de componentes para ellos, como Chrysler, Ford o
Firestone tenían pabellones propios en la feria dentro de la denominada “Transportation Zone”. Desde entonces
las viviendas y ciudades del futuro se suceden en las posteriores Exposiciones
Universales, incluso a partir de ejemplos construidos y realmente habitados
como el icónico Habitat de Montreal’67 diseñado por Moshe Safdie.
[1] Ver: FINDLING, J.E; PELLE,K.D. Historical Dictionary of World’s fairs and
Expositions 1851-1988. Greenwood Press, Nueva York, 1990.
[2] “By the 1930s the United States had abandoned
classicism, now associated with fascism rather than democracy, in favour of a
streamlined, mass-appeal modernism that implied progress in the free world.
Futuristic architecture was the hallmark of the A Century of Progress,
International Exposition held in Chicago in 1933”
JACKSON,
Anna. Expo. International Expositions 1851-2010. V&A Publishing. Londres,
2008. p.59.
23.12.14
SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (IX)
La futurología como
ciencia.
A pesar de la creación de foros de conjeturas organizados a
principios de siglo por el Gobierno Británico como consecuencia del agotamiento
de los recursos del carbón o la aparición en 1937 del Comité de Recursos
Naturales de los EEUU, no es hasta después de la II Guerra Mundial que la
predicción del futuro se convierte en una actividad científica legítima. A
partir de estas fechas, científicos como Charles Darwin con “The Next Million Years” (1952), George
Thomson con “The Foreseeable Future”
(1955) o Dennis Gabor con “Inventing the Future” (1963) impulsaron
la generación de nuevos métodos científicos para la predicción del futuro, creándose
en paralelo todo tipo de grupos de investigación como la "Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia " (1955).
Todo ese furor por investigar el futuro terminó desembocando en cientos de
estudios, comisiones y congresos, destinados a evaluar el impacto humano sobre
el futuro, desde el inventario de Buckminster Fuller de los Recursos Mundiales a
la "Comisión sobre el año 2000"
capitaneada por Daniel Bell, apareciendo así nuevas ciencias como la “Futurología” o la “Prospectiva”, aceptadas por EEUU y Francia respectivamente como países
pioneros[1],
términos como “Futuribles”[2],
“Invariantes”[3]
o “Corrientes”[4]
y cada vez más relatos sobre posibles
descubrimientos tecnológicos como sucede en “Profiles
of the Future” (1962) de A. C. Clarke.
De esta manera no sólo siguen popularizándose los magazines
temáticos sobre ciencia ficción y progreso, sino que el debate llega también a publicaciones
científicas como “New Scientist”[5], que en 1964 realiza un sondeo entre
100 prestigiosos científicos acerca de sus predicciones futuras, magacines
generalistas como el “Weekend Telegraph”
que en su número del 3 de marzo de 1967, se pregunta qué pasará en 1990, e
incluso “The New York Times” que en
el ejemplar del 9 de abril de 1967 divaga sobre los métodos, consecuencias y
visiones del futuro. La popularidad alcanzada por esta vorágine prospectiva es
tal, que incluso uno de los centros de ocio de masas gestionados por Walt
Disney es denominado “EPCOT” o "Comunidad Prototípica Experimental del
Mañana", y que tiene no sólo como temática el “Futuro” sino una pretensión de convertirse en banco de pruebas y
estudios sobre el mismo:
“…nunca estará completa, nunca dejará de ser un esbozo del futuro y
siempre se introducirán nuevos materiales, nuevos sistemas y nuevas ideas.”[6]
(Walt Disney, 1967)
Contexto para una
arqueología del futuro arquitectónica.
Es en este contexto, de popularización del futuro por un lado
y de institucionalización de la futurología como ciencia por otro, en el que se
desarrolla esta “Arqueología del Futuro”.
El prestigio adquirido por el apelativo “futuro”
y cualquiera de las manifestaciones asociadas al mismo hará que se disparen las
propuestas arquitectónicas asociadas al mismo, ya sea desde el contexto de las
Exposiciones Universales, las viviendas de exposición o la aparición de nuevos
objetos de mobiliario o materiales, a partir de finales de los años treinta.
Sin embargo, será desde finales de los años cincuenta hasta
principios de los setenta, cuando la palabra “futuro” aparece vinculada de manera sistemática tanto a proyectos
arquitectónicos como publicaciones, convirtiéndose en cómplice protagonista de
una serie de propuestas que no sólo reivindican una ruptura manifiesta con su
pasado o una insatisfacción con su presente, sino que vislumbran nuevos caminos
de desarrollo de la propia disciplina arquitectónica. De esta manera aparece
una nueva dialéctica contradictoria en torno a la interacción entre las
imágenes arquitectónicas del pasado, presente y futuro, objeto de esta
investigación:
“Las imágenes positivas del futuro, concebidas en cada época presente,
son co-determinantes para el futuro de esa época. Recíprocamente, el futuro
proyectado ejerce ya su influencia sobre el presente a través de dichas
imágenes, y por una interacción continua, también afecta la construcción de
imágenes revisadas del futuro.”[7]
(F.L. Polak, 1961, pp.114-115)
[1] GRAS, Alain. Futurología. Martínez Roca. Barcelona, 1978. Ed. original: Clefs pour la futurologie. Editions
Seghers. París, 1976.
[2] Concepto tomado del teólogo español Molina y
enunciado en: DE JOUVENEL, Bertrand: The
Art of Conjecture. Basic Books. Londres, 1967
[3] Invariantes o tendencias lentas dentro de un
entorno de cambio.
[4] "Corrientes" o “Trends”
seguidas por una tecnología determinada. Ver: BECKWITH,
B. The Next 500 Years. Scientific
predictions of major social trends. Exposition Press. Nueva York, 1968.
[5] Publicado como: CALDER, Nigel (editor). The World in 1984. 2 vols, 1965.
[6] Palabras pronunciadas por Walt Disney para el
artículo: LEWIN, David. Disney’s Last and Greatest Dreams is Coming True. En: Daily Mail, 14 de
febrero de 1967.
[7] POLAK, Frederik
Lodewijk. The Image of the
Future. Elsevier Sdentific Publishing Company. Amsterdam / Londres / Nueva
York, 1973. pp.114-115.
19.12.14
SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VIII)
La popularización del
futuro.
[1] Dónde se emplea por primera vez el término
Ciencia Ficción.
[2] Ver: MOSKOWITZ, Sam. Explorers of the Infinite. Shapers of
Science Fiction. World Publishing Company. Nueva York, 1963.
[3] Tendencia que se acrecentó después de la II Guerra Mundial con la
aparición de “Fantasy and Science
Fiction” (1949), “Worlds of IF” (1950),
“Galaxy Science Fiction”, que
publicaron grandes obras maestras de la Ciencia Ficción
como “Farenheit 451” de Ray Bradbury, “The Demolised Man” de Alfred Bester o “The Martian Shop” de Howard Fast.
[5] Derivado del
término checo “Robota”.
18.12.14
SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VII)
La aparición de la
tecno-fobia.
Como réplica directa a la aparición de mecanicistas
proféticos como Wells, aparecen una serie de visiones tecnófobas de corte
medievalista. “Napoleon of Notting Hill”
(1904) de G. K. Chesterton, que reivindica para un futuro datado en 1984 una
vuelta a los antiguos derechos, hábitos y ceremonias en los barrios de Londres,
de los que habían sido despojados por el incipiente progreso, o más tarde “The Machine Stops” (1947) de E. M.
Forster, que dibuja una de las visiones más paradigmáticas de ciudad del futuro,
poblada por humanos hacinados en
pequeñas habitaciones y miles de botones con los que poder obtener comida,
música e incluso comunicarse a distancia, en un mundo deshumanizado donde el
hombre queda a voluntad de la máquina:
“Creamos la máquina para hacer nuestra voluntad, pero ahora no podemos
hacer que haga la nuestra. Nos ha privado del sentido del espacio y del tacto,
ha embotado todas las relaciones humanas y ha rebajado el amor a un acto
carnal, ha paralizado nuestros cuerpos y nuestras voluntades, y ahora nos
obliga a adorarla.”[1]
(Forster, 1947, pp.140-141)
A la par de estas visiones, arquitectos como C. R. Ashbbe o
F.LL. Wright[2] se
encuentran diseñando ciudades extensivas como vuelta morrisiana al pasado, ya
sean “Broadacre City” o “Taliesin”[3].
Nuevas fábulas sobre la pérdida de la libertad en un mundo futuro totalmente
controlado por el "Gran
Hermano" como en “Brave New
World” (1932) de Aldous Huxley e incluso la creación de "Consejos Antropológicos” que
promulgan su “debemos desandar nuestro
camino o perecer” en “Seven Days in
New Crete” (1949) de Robert Graves, vaticinan un futuro vislumbrado como
retorno a un estado anterior de progreso humano.
[1] FORSTER, E. M. The Machine
Stops. En: Collected Short Stories.
Penguin Books. Londres, 2002. pp. 140-141.
[2] WRIGHT, Frank Lloyd. El Futuro de la Arquitectura. Editorial
Poseidón. Barcelona, 1978. Ed. original: The
Future of Architecture. Horizon Press. Nueva York, 1953.
[3] Taliesin es el nombre de un druida de la corte del rey Arturo que
cantaba las glorias de las Bellas Artes.
17.12.14
SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (VI)
El problema de los
recursos. La utopía frente a la religión.
Mientras el problema malthusiano de los recursos hizo crecer
las distopías alimentarias, como “Meda: A
Tale of the Future” (1888) de Kenneth Folingsby, en la que el problema de
la disminución de alimento dio lugar a un nuevo tipo de humanos, o “Three Hundred Years Hence” (1881) de
Hay, en el que se explora de nuevo la posibilidad de ciudades submarinas como
forma de paliar la falta de alimento, estudios como “The Coal Question: An Inquiry concerning the Progress of the National
and Probable Exhaustion of our Coal Mines” (1865) de W.S. Jevons, alertan
del derrumbamiento del actual progreso por el agotamiento de las reservas de
carbón, ampliando de esta manera el espectro de recursos naturales más allá de
los alimentos básicos como origen de futuras visiones negativas. De manera
parecida, sectores religiosos ven atacados sus intereses ante algunos progresos
médicos e intentan acallar esas amenazas con visiones de futuro en las que incluso
la muerte es controlada por el hombre, desapareciendo de esta manera el amor
como sucede en “Inner House” (1888)
de sir Walter Besant o generándose un aburrimiento tal, que posibilitan la
aparición de lugares destinados al suicidio colectivo como en “Caesar’s Column” (1890) de Ignatius
Donnelly, reforzando así las manifestaciones en contra del progreso y la
tecnología enmascaradas en sociedades tecnocráticas como formas
deshumanizadoras:
“La verdad es que en esa ciudad vasta y superpoblada, el hombre es una
rémora, algo superfluo, y creo que muchos hombres y mujeres se mueren del
aplastante sentimiento que les produce su propia insignificancia; en otras
palabras, a partir del hábito de sentir que no son nada, se convierten en nada…
La raza ha crecido en poder y soledad; me temo que ha perdido su atractivo.”[1]
(Donnelly, 1890)
El tiempo no lineal.
Cabe destacar que la
aparición por esta época del concepto de tiempo no lineal, contribuye a la
creación de teorías como la de F. W. H. Myers (1882) sobre la coexistencia de
pasado, presente y futuro, o la de Bertrand Rusell en torno al “Complejo de compresencia” o momento en
el que se aprehenden juntos pasado, presente y futuro. Dichas teorías son reinterpretadas
en varios textos. De manera tecnológica, a partir de la construcción de un
objeto que permitía viajes temporales como en “La Máquina
del Tiempo” (1895) de H. G. Wells o la victoria de la ciencia sobre la
magia en el viaje de un yanqui inventor desde la Norteamérica de 1879 a la Gran Bretaña del 528
en “A Conneticut Yankee At King Arthur’s
Court” (1889) de Mark Twain.
[1]
DONNELLY, Ignatius. Caesar's Column.
F.J. Schulte & Co. Chicago, c1890.
16.12.14
SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (V)
El origen de las
distopías
La aparición de un futuro temporal empieza a consolidar las
ideas de “conservación” o “preservación”, como ocurre con los
recursos terrestres como factor importante para el desarrollo del ser humano.
Ante tales suposiciones empiezan a generarse posturas divergentes, tanto
positivas, como la de una capital tecnificada de los Estados Unidos del Mundo o
“Centrópolis”, dirigida mediante
energía solar y geotérmica, narrada por Julio Verne en su publicación póstuma “Ayer y Mañana” (1910); como negativas, asociadas
en primera estancia a la falta de alimento derivada de una excesiva demografía.
La primera de estas utopías negativas es esbozada en 1761 por el ministro de la
iglesia de North Street de Edimburgo, Robert Wallace[1]
y postulada definitivamente por Malthus en su “Ensayo sobre los principios de la población” (1798) en el que predice
un futuro desastroso en el que el hombre se multiplica en proporción geométrica
mientras el alimento lo hace de manera aritmética. Sin embargo, la publicación
de la teoría evolucionista de selección natural en 1859 en “El Origen de las Especies” de Charles Darwin, a partir de las
teorías de Malthus, impone una nueva doble perspectiva de aparición de
distopías, o utopías negativas, frente a todo tipo de historias de humanos
mejorados genéticamente. Resurge el eterno debate entre detractores e
impulsores de la tecnología en pleno auge de la revolución industrial.
Así es cómo aparecen algunas manifestaciones tecnófobas del
futuro basadas en un retorno medieval a comunidades de baja densidad
gestionadas mediante talleres de artesanos como la imaginada por William Morris
en “Nowhere”[2]
(1891), germen activo de la ciudad jardín[3]
o “Erewhon” (1872) de Samuel Butler,
en la que su protagonista, Higgs, visita un país que ha abandonado el
industrialismo por el temor a una rápida evolución desarrollada por las
máquinas que haga peligrar la supremacía humana:
“…fragmentos de un gran número de nuestros inventos más avanzados; pero
todos ellos parecían tener siglos, y por ser colocados donde estaban, no para
instrucción, sino para curiosidad…, todos estaban estropeados y rotos.”[4]
(Butler, 1872)
[1] WALLACE, Robert. Various
Prospects of Mankind, Nature and Providence. Edimburgo, 1761.
[2] MORRIS, William. News from
Nowhere or an epoch of rest, being some chapters from a Utopian Romance.
1891.
[3] HOWARD, Ebenezer. Garden
Cities of Tomorrow. Oxford, 1965.
[4] BUTLER, Samuel. Erewhon, o tras las
montañas. Cátedra. Madrid, 2000. Traducción: Joaquín Martínez Lorente. Ed.
original: Erewhon, or Over the Range.
1872.
15.12.14
SOBRE EL PASADO DEL FUTURO (IV)
El viaje en el tiempo,
la obsesión por el año 2000. Hacia una nueva sociedad.
“Aunque no se anticipe el fin del mundo ni el Apocalipsis que fue
pronosticado para el año 1000, ni el derrumbamiento del edificio de la Iglesia para celebrar el
hecho de que tal apocalipsis no tuvo lugar, hay todavía quién imagina que el
año 2000 será algo fuera de lo corriente, sencillamente sólo por la
especulación que ha engendrado. Desde, por lo menos 1790 que fue cuando se
inició la cuenta atrás, ha existido siempre especulación.”[1]
(Jencks, 1971, p.12)
La sucesión por lo tanto de viajes de exploración a nuevos
lugares, acrecentados por la figura de Julio Verne y sus novelas “Viaje al Centro de la Tierra ” (1864), “De la Tierra a la Luna ” (1865) o “Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino” y las previsiones de cambio
social en torno al segundo milenio, como ocurre en el exitoso libro “Looking Backward 2000-1887” [2]
(1888) de Edward Bellamy y su tecnificado ejército industrial que garantiza
la felicidad social en el Boston del año 2000, generan el contexto necesario
para la aparición de la primera teoría científica del futuro, con la obra “Fragment d’histoire future” (1896) de
Gabriel Tarde, al desechar la idea de búsqueda de un suceso previo para apoyar
el siguiente, rechazando el concepto de evolución por el de transformación:
“No me parece ni más concebible ni menos, que el futuro, que todavía no
es, haya de influir en el presente, que lo que lo haga el pasado, que ya no
es.”[3]
(Tarde, 1896)
Paralelamente a esas manifestaciones, aparecen cientos de
prototipos de nuevas comunidades asociadas a las nuevas tipologías
industriales, como “Las salinas de Chaux”
(1789) de Claude Nicolas Ledoux[4],
la fundación de nuevas religiones como las “Ciudades
Mormonas” (desde 1830) asentadas en el estado de Utah e ideadas por su
mentor Joseph Smith, nuevos modelos económicos plasmados en los asentamientos
de “New Lanark” (1815) y “New Harmony” (1825) diseñados por
Robert Owen o los malogrados intentos de nuevos modelos sociales como los que
promulgaba el “Falansterio” (1830) de
Charles Fourier[5] o
el "Familisterio" (1859) de
André Godin.
[1] JENCKS, Charles. Arquitectura 2000. Predicciones y métodos. Editorial Blume. Barcelona, 1975. Ed. original: Architecture 2000. Studio Vista. Londres, 1971. p.12.
[2] “Looking Backward” fue
imitada, refutada, continuada y denostada en más de sesenta libros posteriores,
adoptada por una secta religiosa (los teosofistas), manifiesto de un partido
político y germen que popularizó las visiones del futuro como práctica
literaria habitual.
[3] DE TARDE, Gabriel. Fragmentos
de Historia Futura. Abraxas. Barcelona, 2001. Traducción: Miguel Giménez
Sales.
[4] Ver: CHRIST, Yvan. Utopies et divagations
de Claude Nicolas Ledoux. París, 1961.
[5] En: CHOAY, Françoise. L’urbanisme, utopies et réalites. Editions du Seuil. París, 1961.
Pueden verse los
distintos intentos fallidos de crear comunidades
basadas en el Falansterio como aquella fundada en Condé-sur-Vesgre en 1833 por
uno de sus discípulos, Mr.Baudet Dulary, y la cual Fourier considera una
caricatura de sus ideas.
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